Monday, February 18, 2008

Definitivamente alcalino.
Podría suscitarse. Ese cambio momentáneo de lenguas, cuando parecen ser una sola, sin entender lo que se quieren decir.

Aunque no quieran decirse nada.

Imaginé a miles corriendo, intentando prestarse atención, sin confundirse entre la aglomeración de cuerpos con vida, tú: sin duda, estabas allí. Escuchabas palabras ajenas a tus orejas, exactamente igual que todos los demás, porque fuimos presa de millones de letras agarradas de las manos, mientras intentábamos deshacernos de nuestra atropellada soledad, como por autoinmóviles gigantes, que intentan tirar de tus pies mientras duermes, sin moverse de donde están estacionados.

Tantos líquidos desperdiciados, por nuestra estúpida incapacidad, para decir adiós. Sólo había que decirlo.

Esos días: yo soñaba barcos de mi vida, porque es más fácil decir que dios existe, cuando intentas conseguir pedazos de redención; casi olvido que el tiempo corre, esquivándome, para evitar todas mis preguntas... sobre todo aquellas en las que menciono las cosas malas que podría estar haciendo dios si existiese.

Pero envía hijos.

Yo; como casi todos los demás, salpicaba a la gente con mi cuerpo, sobre todo cuando no tenía nada que hacer: (con mi cuerpo), que se diluye en silencio, siempre en el lado contrario de la vida, en que apareces, para mí: tú!

Yo me preparo cigarros que dan risa y que gasto, en mi boca, porque me parece seductor no entenderte, mucho más cuando el frío es sólo imaginable, de entre tanto calor que nos dimos, para evitar congelarnos de amor.

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